Me escondo de los monstruos porque en sueños los he visto morder el acero y hacerlo trizas. Y sé que sus ojos siempre están hambrientos, y sus dientes siempre están buscando. Me escondo de ellos bajo las sillas, en los armarios, bajo la cama… Encerrado dentro de mí. Porque afuera acechan las bestias, lo sé. Y sus vicios son mis miedos.
Entra algo en mi guarida. Me invade el pánico, pero reacciono al instante. Me abalanzo sobre ello desde la oscuridad. Con mis garras afiladas. Con mis dientes desgarradores. Lo devoro sin dejarle tiempo a respirar. Ni siquiera pudo darse cuenta de que lo había cortado en mil pedazos… Ni siquiera sé qué estoy comiendo, pero saboreo su sangre como gesto victorioso. Vuelvo a mi guarida.
Y sigo escondido, con miedo como estilo de vida.